¿Respondemos a su llamado?
“…Aren la dura tierra de sus corazones, porque ahora es tiempo de buscar al SEÑOR para que él venga y haga llover justicia sobre ustedes”, Oseas 10:12 (NTV).
Dios, antes de despertar la conciencia de los incrédulos para salvación despierta a los creyentes para purificación. Hebreos 9:14: “¡…La sangre de Cristo… purificará nuestra conciencia de las obras que conducen a la muerte, a fin de que sirvamos al Dios viviente!” (NVI).
¿Acaso no reconocemos el declive espiritual de la iglesia y la tibieza de los corazones ‘creyentes’ llenos de incredulidad? No amamos la iglesia ni a los perdidos. Nuestros corazones arden, pero no por el Señor sino de celos y envidias. Disimulamos pero no cambiamos. Llenamos los espacios con palabras y ritos, pero carentes de poder, devoción y pureza. No nos humillamos y no reconocemos nuestra maldad.
En el mismo pasaje del inicio, pero en otra versión, se lee: “Si siembran rectitud para ustedes mismos, cosecharán… vida. Enciendan para ustedes la luz del conocimiento porque es tiempo de buscar a YAHWEH, hasta que El venga y haga llover rectitud sobre ustedes”, Oseas 10:12 (DA).
No dejemos que la dureza de nuestro corazón apague al Espíritu. Es necesario abandonar el pecado y todas las formas de malicia, aunque estén muy bien escondidas. En vez de argumentar, disimular o negar, confesemos nuestras maldades. Digámosle al Señor que nos pesa haberlo ofendido, que anhelamos su santidad y cercanía, como una realidad tangible en nuestra vida y en medio de su iglesia.
Digámosle a nuestro corazón que sea dócil al Señor, pues: “Dios bendice a los que tienen corazón puro, porque ellos verán a Dios”, Mateo 5:8 (NTV). Hoy hagamos nuestro el consejo de la Palabra: “Esfuércense por vivir en paz con todos y procuren llevar una vida santa…””, Hebreos 12:14 (NTV).
“Hoy respondo a tu llamado de amor. Hago mía la oración del salmista. “Nadie puede darse cuenta de absolutamente todos sus errores. Así que te pido que me ayudes a no cometer pecados sin darme cuenta”, Salmo 19:12 (PDT). Deseo conocerte. No me conformo con leer acerca de ti. Quiero edificar un sitio en mi interior para adorarte con devoción, sinceridad y libre de maldad. Amén”.
Una vida de intimidad con Dios – José Luis y Silvia Cinalli
Adquirilo en: www.libreriadelaciudad.com





